Respuesta a los que preguntan dónde estaba la iglesia en estos días de lucha

Por: Sacerdote y Abogado Carlos Pérez Toro

Algunos, que siempre hablan mucho y dicen poco, han cuestionado donde estaba la iglesia en este momento histórico, concentrando su ataque en lo que, con la superficialidad rabiosa que les caracteriza, llaman los “fundamentalistas”.

Primero habría que definirles que la iglesia no es solo los lideres, la iglesia es el pueblo, que se extiende como abanico por todo la anchura del territorio puertorriqueño, por eso hemos dicho que los creyentes somos la “mayoría silente”. ¿Dónde estaba la iglesia? Haciendo que el número de los participantes fueran cientos de miles, y no el reguerete de decenas de los que sus “luchas” y movimientos insustanciales nos acostumbran a presentar.

¿Dónde estaba la iglesia? Haciendo, lo que su identidad íntima la empuja, y le ha empujado siempre, acompañar con presencia no violenta y con oración insistente, proponiendo paradigmas nuevos de convivencia democrática etc. Los documentos apasionantes emitidos por los obispos católicos, por la FRAPE (La fraternidad de iglesias pentecostales), por Puerto Rico por la Familia son el testimonio elocuente de que la iglesia estaba, y estaba metida dentro, realizando lo que ha hecho siempre “vencer el mal a fuerza de bien”.

Los criticones del momento, que con oportunismo sorprendente pretenden capitalizar de la nobleza de esta lucha que sin duda fue heterogénea y contrastante, deben entender que la iglesia aprendió de su Fundador la humildad corporativa, por la que el pastor debe discernir cuando DEBE IR al frente del pueblo abriendo camino, o cuando DEBE IR detrás del pueblo descubriendo nuevos rumbos. ¿Que dónde estaba la Iglesia?, habría que contestarles que la iglesia no tiene que estar allí como si tuviera que hacerse presente porque la iglesia es el pueblo que con voluntad democrática reclamó que la soberanía pertenece al pueblo y no a los que ostentan el poder de manera transitoria.

Sin duda no hay peor ciego que el que no quiere ver y no hay peor sordo que el que no quiere oír. A esos criticones de ocasión habría que cantarles una vieja canción que cantaba Celia Cruz: “Qué pena me da tu caso Lo tuyo es mental, Qué pena me da tu caso Lo tuyo es mental”

El perdón del gobernador Rosselló

Por: René X. Pereira Morales
Presidente y Portavoz de PR por la Familia

Antes de todo, deseo expresar mis felicitaciones al Sr. Gobernador Ricardo Rosselló por reiterar su pedido de perdón y disculpas al pueblo de Puerto Rico y reiterarlo ayer en algunas iglesias.

No nos toca a nosotros juzgar si esa petición de perdón del Gobernador es sincera o no. Sólo Dios conoce los corazones y sabe sus verdaderas intenciones. Lo segundo es que nuestro deber siempre tiene que ser perdonar al que pida perdón. Hasta 70 veces siete, dijo Jesús.

Sin embargo, es importante entender que pedir disculpas, aún partiendo de la premisa de que las mismas son honestas y sinceras no cambia el hecho de que el Sr. Gobernador destruyó la confianza del pueblo que él gobierna y representa. Sus acciones lo descalifican como líder y gobernante de nuestro país. Por eso he entendido que su mejor decisión debería ser el renunciar. Pero esa es una decisión que le corresponde al Sr. Gobernador. Seguimos orando para que Dios le dé sabiduría. También oramos para que pueda encontrar paz y que esta situación le ayude a acercarse al Señor. Él dijo: “el que a mí viene, yo no le hecho fuera”.

Por otro lado nos corresponde a nosotros los ciudadanos votantes de este país actuar con sabiduría ante lo que hemos visto en ambos partidos de mayoría que se han alternado el poder. Lo que ha sucedido en el partido que actualmente nos gobierna no debe ser motivo para ahora salir corriendo a endosar al PPD porque entendemos que el PNP le falló al país. En este jueguito nos han tenido por muchas décadas.

Es tiempo ya de buscar otras opciones.