Pastor y licenciado en derecho Magdiel Narváez envía carta al Gobernador de PR

Pastor Magdiel Narváez

Honorable Ricardo Roselló 
Gobernador del ELA

Le escribo por este medio para dejar mi huella en los lectores. Como le dije hace un tiempo, yo no soy político, ni me interesan las candidaturas. Soy predicador, soy profeta de Dios por su gracia y misericordia. Usted debe saber la situación real de nuestro país, que se excusa ahora con María y la Junta Fiscal. Lo que no tiene excusa es la falta de planificación y defensa de nuestro pueblo.

En Puerto Rico los fondos de retiro están en crisis poniendo gente nuestra que dio todo por el país en un estado de alarma ante la crisis. La policía corre la milla extra mientras espera con ansias que se le pague el dinero adeudado. Los muertos no caben en Ciencias Forenses mientras familiares esperan los cadáveres para dar cristiana sepultura. No hay un plan para la basura que se acumula. No hay un plan para la rehabilitación de los convictos por delitos. No hay un plan para el desarrollo y mercadeo del turismo a nivel mundial.

¿Qué hay? Corrupción, división, contratos millonarios en asesores y una Junta Fiscal de papel que no se atreve a hacer lo que hay que hacer, una auditoría fiscal gubernamental de por lo menos 40 años y que los responsables paguen lo que se le cobra al pueblo. ¿Que hay? Repartición de taquillas para el concierto de Bad Bunny, para mantener activo la antigua estrategia de baile, botella y baraja. ¿Qué hay? $1,000.00 para los estudiantes de Escuela Pública que lleguen a 4to año. Wow!! Este pueblo tiene que despertar. ¿Qué hay? Nuevas leyes que ponen en aprietos los empleados privados. ¿Qué hay? Un nuevo Código Civil que la Cámara ya aprobó sin mirar las consecuencias para este pueblo. Todos los partidos de este país han perdido el Norte y nadie los fiscaliza.

Sr. Gobernador, yo hablé con usted en nombre de Dios, y le dije lo qué habría de pasar con nuestro pueblo. Le mencioné que se alejara de la corrupción y la división, que hiciéramos un acto de humillación ante Dios. Le dije que no permitiera que el país cayera en más deterioro. Usted aceptó lo que le dije, pero le ha dado la espalda a Dios y a la Iglesia.

Es una lástima, con Dios se hace historia, sin Él somos un periódico de ayer.

Le anticipo que no le voy a dar el voto a ningún político que ande en estas conductas y actitudes, pero voy a levantar la VOZ por mi pueblo. Y con la ayuda de Dios seremos muchos y habrá de escucharse hasta en Washington.

Cordialmente,

Lcdo. Magdiel Narváez 
El Galileo
Marzo 2019

Puerto Rico se nos muere

Dr. César Vázquez Muñiz
Portavoz PR por la Familia

¿Qué podríamos hacer? Podríamos declarar un estado de emergencia, no solo del gobierno, sino de toda la sociedad. El gobierno puede declarar que la seguridad, la educación y la salud son los servicios esenciales y redirigir sus recursos hacia estas áreas. Aquello que no sea esencial debe ser evaluado, y si fuese necesario eliminado.

Nos arropa la violencia. Provoca miedo, rabia, deseo de venganza, incertidumbre y lo peor… Impotencia. Quisiéramos huir. Algunos compran armas. Nos rodeamos de alarmas y de cámaras de seguridad. Otros miran para el otro lado, rogando que no les toque. El colmo del cinismo es decir que mientras se maten entre ellos no importa. Lo único que importa es que no maten a un inocente. Mientras tanto el gobierno repite que los asesinatos “son 20 menos que para la misma fecha el año pasado”.

A corto plazo hay que aumentar el número de policías, pagarles mejor, mejorar sus condiciones de trabajo, y darle mejores equipos para que puedan realizar su labor. Hay que hacer lo propio con Ciencias Forenses, el Departamento de Justicia y Tribunales. Esto implica una reingienería radical del gobierno. También implica que tendrían que desaparecer algunas agencias. Son decisiones difíciles. Gente se quedaría sin trabajo.

Hay que trabajar con los confinados en el área de adicción, salud mental, educación y destrezas de trabajo. Tienen que salir de la cárcel cuerdos, libres de adicciones y con la capacidad de ganarse la vida. Esto implica también cambiar leyes y educar a la ciudadanía.

Tendríamos que trabajar con el problema de la deserción escolar. Tendríamos que estudiar el fenómeno, hasta ahora inexplicable, de porqué tenemos tantos niños con problemas de aprendizaje.

Habría que trabajar para fortalecer la familia y que esta cumpla su labor de educadora primaria y de influencia más importante para la vida del individuo.

¿Y la iglesia? Buscando la intervención decisiva y transformadora del Espíritu de Dios para nuestro pueblo. Reconociendo el pecado de la indiferencia y de la irrelevancia. Tendríamos que arrepentirnos del pecado de la división y de la búsqueda de protagonismo. Tendríamos que reconocer que algunas iglesias, más que ministerios, son negocios. Que más que servir buscan servirse. Tendríamos que dejar de entretener para empezar a ministrar. En última instancia el único que liberta del pecado y transforma el corazón es el Espíritu de Dios. Tendríamos que empezar a llorar y a orar por nuestro pueblo como quien llora y ora por un hijo que se muere.

¡Menos no es suficiente!