Puerto Rico por la Familia condena el vil asesinato de transexual

Nos hacemos eco de las expresiones del sacerdote y Lic. Carlos Pérez Toro, quien es miembro de Puerto Rico por la Familia:

P. Carlos Pérez Toro

Acabo de ver un vídeo doloroso e indignante donde aparece una persona que era transexual que estaba siendo acosada (bullying) por un grupo de personas que lo insultaban y burlaban y luego le disparan para asesinarlo vilmente.

La persona era un ser humano que merecía el mayor respeto a su dignidad inviolable y a su derecho a ser diverso. Me resulta doloroso, no solo por la gravedad del crimen (al que se añade el agravante de crimen de odio) sino por el hecho de la crueldad morbosa de grabar todo el hecho criminoso con una complacencia desequilibrante que manifiesta elocuentemente la deshumanización demoníaca del corazón de esos criminales; esa actitud solamente la humanidad la ha podido ver en los campos de concentración nazi o en los gulad de la Rusia comunista. Me es doloroso este hecho porque, como le está sucediendo a los creyentes cristianos en muchas partes del mundo, se te niega el derecho a incluso a existir por el mero hecho de ser diverso. El crimen de odio como este no solo afecta a la noble víctima sino a todos en una sociedad que pretende ser democrática y pluralista, ya que al negar el derecho a uno a vivir en su diversidad nos lo niega a todos.

 Este discurso violento de odio debe ser señalado, aislado, condenado y se debe proponer un discurso distinto donde la diversidad nunca sea un problema sino una oportunidad de enriquecimiento mutuo (a veces en la lógica de la compasión y el respeto)  El pensar distinto sobre temas opinables no me da derecho a destruir al otro, solo me da derecho a opinar dialogando para persuadir a mis conciudadanos del valor de mis planteamientos.

Oro por esa alma (querida por Dios porque murió por ella en la cruz del Calvario) pido por el consuelo de su familia en la esperanza cierta de que no es el odio sino Dios el que tiene la última palabra en la vida de cada ser humano, y pido por la conversión de los asesinos que están destruyéndose su futuro de felicidad eterna.

P. Carlos Pérez Toro

Los cristianos no somos homófobos

Los cristianos no somos homófobos Oponerse al activismo gay no es homofobia, sino ejercer nuestro derecho constitucional a no estar de acuerdo con su ideario

Los cristianos no podemos ser homófobos, pues la homofobia es contraria al espíritu del evangelio. El término “homofobia” en su sentido estricto, implica “miedo, homofobiaodio, desprecio, o violencia contra las personas de condición u orientación homosexual”. Bajo este punto de vista, la homofobia es tan negativa como la xenofobia o la propia misantropía, y lleva a ignorar derechos humanos fundamentales como la libertad, la dignidad y el respeto. Derechos que el colectivo LGTBI posee como cualquier otra persona, no por el hecho de ser homosexuales, ni que se desprenda de su condición homosexual, sino que derivan de su condición de seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios.

La iglesia cristiana asume esto y se opone abiertamente a la homofobia y la condena, lamentando igualmente que aquellos que también la condenan, nos acusen de homófobos, por desgracia participando ellos mismos de la misma actitud intransigente.

Sin embargo, el hecho de que no se deba odiar o maltratar al colectivo homosexual, no presupone que uno deba compartir como moralmente aceptable su conducta. Oponerse al activismo gay no es homofobia, es simple y llanamente ejercer nuestro derecho constitucional y de relaciones humanas básicas, a no estar de acuerdo con su ideario y práctica de vida homosexual. La opinión de cualquier persona en el ámbito de la moral individual o social, religiosa o filosófica, debe ser respetada como parte fundamental del derecho a la libertad de expresión. Y en este ámbito la inmensa mayoría de las confesiones cristianas no estamos de acuerdo con el estilo de vida homosexual ni con su equiparación legal en el mismo status que el del matrimonio heterosexual.

Por tanto los cristianos no imponemos nuestro criterio ni mucho menos pretendemos que aquellos que no lo compartan, sufran nuestro rechazo. Pero si bien no lo imponemos, sí lo defendemos y por ello exigimos con humildad pero con firmeza, que se respete nuestro posicionamiento a pensar diferente.

Por: Juan Varela

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