!Me duele la patria!

Carlos Pérez 2Por: Sacerdote Carlos Pérez

Hoy de nuevo un tribunal, compuesto por un puertorriqueño, escribe una de las páginas más penosas de nuestra historia judicial contemporánea.

Ese tribunal de circuito de Boston, destruyendo los contornos naturales e históricos del matrimonio, pone en peligro el futuro de nuestra sociedad puertorriqueña que está envejeciendo alarmantemente.

¿Cómo vamos a renovar generacionalmente nuestro país, si destruimos, redefiniéndolo, el único instrumento eficaz de procreación humana, como es el matrimonio heterosexual, capaz de revertir nuestro envejecimiento poblacional? ¿Es no nos damos cuenta que la falta de la familia, querida por Dios desde el principio, está destruyendo la sociedad puertorriqueña?

Ese tribunal de circuito de Boston, sin analizar con la seriedad jurídica que lo han hecho tanto el Tribunal Supremo de Estados Unidos como otros Tribunales de Circuito, despacha de un plumazo la doctrina sobre los casos insulares, que pretendía atemperar los valores legales de la constitución americana con la realidad cultural de los 5 territorios de los Estados Unidos.

Por eso en Reid v. Covert se dijo que cuando se aplicase la constitución americana a una realidad territorial se debía ser prudente, ya que podría ser impracticable y anómalo pretender imponer todas las exigencias constitucionales a una realidad con valores y principios diversos.

Por eso otros tribunales de circuito, en casos como Wabol v. Villacrusis y Tuaua vs USA se determinó que no solo no aplicaba la 14 enmienda de la Constitución de los Estados Unidos a los territorios, sino que incluso se afirmó que la razón de los casos insulares era el poder respetar la diversidad cultural de los territorios.

Es más, en esos casos se dijo que para definir los llamados “derechos fundamentales” se debía seguir el modo como son entendidos en el derecho internacional. Es bueno subrayar que no existe ningún instrumento internacional que reconozca el matrimonio homosexual como un derecho fundamental.

Incluso, digo más, ese Tribunal de Circuito de Boston, no fue capaz de esperar a que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos decida el alcance de la realidad territorial de Puerto Rico, y la aplicabilidad de la Constitución federal a un territorio con valores y principios de más de 500 años.

Lamentablemente, no nos sorprende esa decisión del tribunal de Boston, su liberalismo visceral les ciega, y lo peor de todo, es que las consecuencia de esa ceguera ideológica las sufriremos todos. La sufriremos cuando se comience a atropellar la libertad religiosa de los que exigimos el derecho de pensar distinto sobre temas opinables.

Ante este atropello de nuestros principios y valores, el único refugio que nos queda es recordar las palabras de los apóstoles ante el sanedrín: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”

Por otro lado, y por último, el Juez Pérez Jiménez demostró, con su decisión, lo que le falta a muchos políticos de esta mayoría transitoria que nos gobierna, que cuando se tiene principios y decencia, se sabe leer, con profundidad jurídica, los caminos que la constitución nos ofrece para defender nuestras tradiciones y valores.

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