ENFRENTEMOS LA INIQUIDAD Y EL ATROPELLO

Angel Esteban Martinez¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta, los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”  (Isaías 5:18-29).

El concepto de “ay” en la Biblia, es más que un lamento; representa un juicio divino, ante una nación que deliberadamente (aun con amonestaciones y advertencias) determina hacer las cosas opuestas al amor, a la dirección y a los mandamientos de Dios para un pueblo. El profeta Isaias presenta seis (6) ayes que describen a una sociedad que intencionalmente desafía a Dios. Se pueden identificar cada uno con una palabra o frase: 1) avaricia; 2) embriaguez (adicciones); 3) burla y menosprecio a Dios y su Palabra;  4) distorsión de valores; 5) arrogancia y prepotencia; 6) soborno e injusticia. Esto es lo que estamos enfrentando hoy día, especialmente por personas que se suponen que procuren el bienestar integral de la sociedad.

Recientemente el Secretario de Justicia, emitió una opinión, derogando la Ley 82, de 1995, que dio lugar a las Iglesias-escuelas. La justificación de esta Ley 82, es que le reconoce el derecho a los padres de que sus hijos sean educados, conforme a principios de fe. Es un derecho adquirido, que no se puede quitar, por ser cobijado por ley. Algunas de las razones que da este Secretario son: que no hay forma de regular la operación de estas Iglesias-escuelas; y que lo que se pretende es velar por la buena educación de los niños. ¡Esto es totalmente falso! Primero, el Consejo de Educación de PR, otorga una Certificación a estas escuelas operantes, además de contar con el currículo que enseñamos. Segundo, los estudiantes que salen de nuestras escuelas, tienen un índice académico superior, al ingresar a universidades y colegios dentro y fuera de PR. ¿A quién le corresponde la determinación de dónde y cómo educar a los niños? ¿A los padres o al Estado? ¡A los padres! Como pueden ver, esto es un atentado contra la iglesia del Señor de parte del Gobierno.

Observemos la trayectoria: 1) trastocar la santidad de la vida, por la legalización del aborto; 2) cambiar la santidad del matrimonio, imponiendo una relación contra-natura, y amenazando a que si no lo aceptas, serás sancionado. ¿Acaso no es esto “bullying”? 3) imponiendo más impuestos al pueblo, para pretender “arreglar” el desmadre administrativo del cual han sido responsables en las últimas décadas; 4) imponiendo una “educación de equidad de género”, para minar la identidad y la pureza sexual en nuestros niños y jóvenes; 5) queriendo implantar la práctica del uso de la marihuana, abonando a una sociedad adictiva al juego de azar, a la pornografia, y  a las drogas; 6) proponiendo el que las iglesias tengan que pagar impuestos, cuando el gobierno no nos da “ni un chavo” para realizar el trabajo espiritual, social y moral que día a día hacemos; 7) y ahora, queriéndole quitar el derecho a padres cristianos de educar a sus hijos con valores. ¡Esto es un atropello bien intencionado!

Ahora, le pregunto a ustedes: ¿de qué lado de esta guerra están? Cuando David enfrentó a Gloliat, habían varias posturas (ver 1 Samuel 17): 1) estaba el gigante Goliat, que salía a amedrentar al ejército de Israel; 2) estaba su ejército (filisteo) con la agenda de esclavizar a los hijos de Dios; 3) estaba el rey Saúl, de Israel, que era el mas alto y tenía armadura, pero no salía a pelear; 4) estaba el ejército de Israel, con armas de guerra, pero con actitud de amedrentados; 5) estaban los hermanos de David (que eran parte del ejército), y criticaron a David cuando estuvo dispuesto a enfrentar al gigante; 6) estaba el pueblo de Israel, que estaba representado en los guerreros que pelearían por preservar su libertad; 7) y estaba David, que enfrentó al gigante con esta convicción: “Mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tu has provocado”. Estamos en una guerra que se ha arreciado. Nuestras armas son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2 Corintios 10:4). El apóstol Pablo nos exhorta a dar “la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12).

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