¡No a la Marihuana! – Editorial del Vocero

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Si legalizamos la marihuana mañana, hay dos cosas que sin duda ocurrirán. Primero, aumentará considerablemente su consumo. Esa es la consecuencia indiscutiblemente validada por toda experiencia histórica. Segundo, es probable que el crimen organizado deje de traficar con ella, pero ello no reducirá el crimen.
Por Editorial, EL VOCERO: http://elvocero.com/no-a-la-marihuana/

La droga es veneno. Luchar contra ella es costoso y frustrante. Pero ello no la hace menos venenosa.

Argumentar que como esa la lucha es costosa y frustrante sería preferible tirar la toalla y legalizarla es ilógico, cínico e irresponsable.

Históricamente, el Estado ha ejercido su poder de prohibir o fomentar ciertas conductas sobre la premisa de que tiene la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos contra aquello que le es perjudicial, aun en contra de su voluntad.

El Estado, por ejemplo, exige que un motociclista utilice el casco protector aunque el único que pueda perjudicarse de no tener uno puesto sea el mismo motociclista. Asimismo, nos exige que utilicemos el cinturón de seguridad por nuestro propio bien, aunque no queramos.

La pregunta fundamental que nos plantea cualquier propuesta de legalizar la droga, incluso la marihuana, es cómo puede el Estado, después de décadas de argumentar que la droga es veneno, justificar su libre comercio—o, peor aun, proveerla el propio Estado—porque nos cause frustración nuestro propio fracaso en combatirla y por el enorme costo que representa luchar contra ella.

En el caso específico de la marihuana, la respuesta de los apologistas de su legalización o despenalización es diversa.

Dicen que hacerla legal eliminaría el interés monetario del crimen organizado en distribuirla y, por lo tanto, resultaría en una baja en la actividad criminal asociada a su venta y distribución.

Apuntan a que cuando se prohibió el alcohol en los Estados Unidos a partir de 1920, el crimen organizado floreció al amparo de las enormes ganancias que generaban su tráfico ilícito, pretendiendo inferir que cuando se elimina la prohibición, el crimen asociado a la comercialización de lo que era ilegal desaparece. Eso es falso. Cuando se legalizó nuevamente el alcohol en los años 30, el crimen organizado siguió creciendo, solo que se concentró en explotar otras prácticas prohibidas, mientras que el consumo del alcohol aumento vertiginosamente.

Es una lamentable realidad de la naturaleza humana que mientras haya cosas prohibidas, inescrupulosos comerciantes habrán de buscar hacer negocio proveyéndolas. Eso no es un argumento válido para legalizar lo que es intrínsecamente malo.

Si legalizamos la marihuana mañana, hay dos cosas que sin duda ocurrirán. Primero, aumentará considerablemente su consumo. Esa es la consecuencia indiscutiblemente validada por toda experiencia histórica. Segundo, es probable que el crimen organizado deje de traficar con ella, pero ello no reducirá el crimen. Los narcotraficantes sencillamente traficaran con otras cosas, igual que hicieron cuando se legalizó el alcohol.

Dicen también que es contradictorio prohibir el consumo legal de la marihuana al tiempo que se permite el consumo y trasiego legal de otras drogas, como el tabaco. Sin entrar en una comparación de los perjuicios de ambos, si algo hemos aprendido de la lucha contra el tabaquismo es que es posible ganarla. En el caso de la marihuana, la respuesta no es legalizarla porque el cigarrillo sea legal. La respuesta es aplicar a la lucha contra la marihuana y otras drogas algunas de las mismas técnicas, recursos y empeño con los cuales a través de las últimas décadas hemos podido lograr no solo un consenso al respecto del efecto nocivo del cigarrillo sino también una reducción real y significativa en su consumo que apunta con esperanza a su eventual desaparición.

Pero de todos los argumentos  en favor de la legalización de la marihuana, el que encontramos más repugnante es el que sugiere que deberíamos hacerlo para ahorrarnos el dinero que hoy en día tenemos que emplear en la lucha contra su trasiego.

Es un argumento derrotista, cínico y egoísta. Sugiere que, como pensamos que hemos fracasado en la lucha en su contra, preferimos tirar la toalla y dejar que nuestros jóvenes se sigan envenenando y ahorrarnos el dinero que nos cuesta luchar por ellos, en efecto, poniéndole precio a la posibilidad de que tengan un futuro digno en su vida.

No cuestionamos las buenas intenciones de muchos de los que proponen la legalización de la marihuana. Pero estamos convencidos de que su legalización, aun su despenalización, es una mala idea que atenta contra nuestra juventud y nuestra sociedad.

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