Los nuevos camaradas (la columna que El Nuevo Día no se atrevió a publicar)

Por Milton Picón Díaz

MiltonSe dice por lo general que cuando personas u organizaciones con agendas radicales están buscando apoyo, y no quieren atemorizar la gente, son muy cuidadosos al exponer sus ideas. Por otro lado, cuando esas mismas personas o grupos encuentran que están muy bien posicionados, sienten la confianza de lanzar su ideología explícitamente, a cara descubierta.

Los otros días leía a una de estas “nuevas camaradas” abogando en un diario de circulación general, por “la destrucción de la sociedad, tal y como la conocemos”. Hablando de crear “la otra sociedad, la nueva sociedad, el nuevo paradigma, el echar hacia un lado aquellos valores tradicionales, los juicios valorativos que solo existen para controlar el colectivo”. Luego pregunta si la destrucción de lo conocido implica violencia. Su contestación, muy elocuente y preocupante: “Tal vez si, tal vez no”. Cuando este tipo de discurso viene de personas que alegan llevar luchas en favor de la no violencia contra la mujer,  y son personas que han estado bien activos en el cabildeo político a favor de nuevos currículos en nuestro Departamento de Educación, uno no se puede explicar sus contradicciones. Le imprime su firma a su columna, “mujer no heterosexual” atea y crítica de nuestro sistema económico…”. A esto tiene perfecto derecho.

Confieso que no escuchaba parte de esa retórica izquierdosa de camaradas desde la ebullición política de la UPI de los 70’s. Ya los medios de comunicación y los politólogos han declararo el comunismo, como filosofía política, muerta y enterrada. Alguien podía pensar así, pero la retórica está vivita y coleando y a punto de hacer su entrada al Departamento de Educación a través del currículo de perspectiva de género.

El nuevo vocabulario de las agendas políticamente correctas ( igualdad, equidad, justicia, homofobia, matrimonio gay, perspectiva de género, adopción homosexual ) es esencialmente el viejo marxismo recalcitrante trasladado del campo económico al cultural. Se unen dos “filosofías-hombres” ( Marx y Freud ) convirtiéndola en una fórmula. Partiendo de que “toda la sexualidad es política”, los nuevos camaradas ven la moral tradicional judeo-cristiana como los restos que quedan de una civilización occidental, que solo sirven, según ellos, al propósito de perpetuar un sistema cultural corrupto, en el cual tanto el estado, como instituciones religiosas y medios masivos de comunicación son movilizados para atacar a aquellos cuyas preferencias son diferentes a los de la clase dominante. Según estos camaradas, “el sexo moldea las instituciones y toda ley o regulación de la sexualidad es opresión”.

Por eso, quieren controlar los currículos de nuestras escuelas públicas desde los grados primarios. Por eso la actual administración de gobierno los reciben en vistas ejecutivas para que el pueblo ni se entere de las propuestas que están haciendo. ¿Por qué en el Proyecto del Senado 484, relacionado a la educación no se presentaron vistas públicas donde todas las partes pudieran expresarse de cara al sol? ¿Dónde está la transparencia del nuevo Senado? Sin lugar a dudas, los nuevos camaradas piensan que como no pueden cambiarle la mentalidad a una sociedad adulta que conoce y respeta sus valores, pues hay que ir tras los niños, para que a través de currículos de corte transversal se les adoctrine con estas ideologías radicales en cuanta materia y nivel tomen en la escuela. De hecho, es la mejor manera de ganarse a la próxima generación. Normalice lo que no es normal, presente situaciones artificiales como la norma y podrá cambiar la próxima generación. Los camaradas tienen un solo problema, los niños no le pertenecen, ni a ellos, ni al estado, como decía una de las favorecedoras de esta ideología a través de la radio, le pertenecen a Dios y a sus padres. A los nuevo(a)s camaradas los vamos a denunciar y no permitiremos que conviertan la escuela pública puertorriqueña en una institución “Skinneriana”, y a nuestros hijos en conejillos de indias de fracasados experimentos sociales.

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